El periodo de carencia del Santander


Ahora escuchadme, galeotes: a todos vosotros se os condenó. Os mantenemos vivos para servir esta nave. Por lo tanto remad, y vivid.
Ben Hur

El Banco (de) Santander ha decidido implementar un periodo de carencia a los hipotecados que demuestren haber perdido su trabajo o el 25% de sus ingresos. El periodo de carencia consiste en pagar sólo intereses, sin amortizar capital durante ese tiempo. Según algún representante del banco, con la medida se hace un guiño a los indignados del 15M.

No es casualidad que el titular de prensa que anuncia el citado periodo de carencia haya desplazado a otro de ese mismo día mucho más significativo: el Santander ha perdido un 21% de beneficios con respecto al año pasado. No sólo no ha crecido: es que ha ganado menos. En cuanto al guiño al 15M, más bien da la impresión de que se trata de lavar la cara del banco tal vez más odiado de España, y de mejorar la imagen de su presidente, Emilio Botín, uno de los individuos más despreciados por los manifestantes del 15M (y probablemente por el resto de los españoles).

Respecto al periodo de carencia, hay que recordar que los créditos en mora han de ser aprovisionados por el banco correspondiente ante el Banco de España: con el periodo de carencia eso es lo que se ahorra la entidad cántabra (si bien es posible que tenga que hacerlo constar de otra forma en su balance anual). Por otro lado, al evitar la ejecución hipotecaria el Santander se libra de anotar en sus cuentas un piso cuyo valor en estos momentos tiende a cero por falta de comprador, amén de los costes de la ejecución misma. Recuerden que los bancos no son inmobiliarias ni lo quieren ser.

Respecto al hipotecado, la situación no podría ser menos halagüeña. Al terminar el periodo de carencia el principal del crédito permanecerá igual, sin contar con los (presumibles) gastos de notaría que conlleve la operación (que la entidad niega que existan), o los intereses que deba pagar a mayores por, precisamente, no haber amortizado capital.

Si reflexionamos sobre el hecho de que al inicio del crédito casi no se amortiza capital en cada cuota, resulta evidente que la medida sólo puede beneficiar a un cliente que ya lleve años pagando, y no a las hipotecas de reciente constitución.

El periodo de carencia es un instrumento destinado sobre todo a las empresas que, pidiendo un crédito, necesitan un plazo de tiempo hasta obtener beneficios con los que devolver el préstamo. No está diseñado específicamente para particulares, que en realidad debieran ser capaces de satisfacer sus compromisos en tiempo y forma.

Recuerde el lector: el banco no es tu amigo. No te quiere hacer un favor. Solamente quiere quedarse con tu dinero, por las buenas o por las malas. No hagas tratos con él si puedes evitarlo y nunca creas lo que te dice.

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El Botín de la educación


Coicidiendo con la reestructuración general de la sociedad que se deriva de la crisis financiera, el poder económico, que nunca da puntada sin hilo, se ha puesto las pilas para hacerse con dos grandes sectores (o nichos) de negocio que hasta ahora le estaban vedados: la sanidad y la educación. Ayer supimos que la Comunidad de Madrid desgravará impuestos a los que matriculen a sus hijos en la enseñanza privada, lo que nos permitió enterarnos de que en realidad  ya estaba haciéndolo y esto es simplemente una actualización fiscal postelectoral.

En el río revuelto del aggiornamento neocon aparecen los primeros champiñones inversores en la educación. El otro día les prometí hablar de Botín y su desembarco en el sistema educativo. A falta de una visión en perspectiva del fenómeno, les presento la iniciativa Empieza por educar, una hijuela de Teach for America que a su vez se expande por el mundo a través de Teach for All en diferentes sucursales nacionales y estatales. Se trata de introducir en el sistema educativo a MBA (Master of Business Administration), líderes por la excelencia, profesores transformadores y egresados universitarios de élite de diversa condición, orientados a la educación de personas desfavorecidas. Tienen un pequeño resumen de actividades en este enlace de la USC, donde se puede comprobar cómo en el sistema educativo público y privado de Madrid (y Cataluña) ya han extendido algunos pseudópodos para ir tanteando el terreno.

Capitanea el desembarco neocon la selfmadewoman Ana Patricia Botín, una señora que de educación de los desfavorecidos sabe mucho, al haber luchado ella misma toda su vida contra la injusticia y la desigualdad social. En la lista de patronos de Empieza por Educar encontrarán muchos otros desgraciados banqueros y empresarios filántropos que apuestan por este nuevo modelo empresarial-educativo, y en la lista de socios encontrarán nombres tan dispares como (otra vez) la familia Botín, el bufete de abogados Uría y el mismísimo Corte Inglés, que si no recuerdo mal es una cadena de grandes almacenes: todo un brote verde, y esta vez literalmente.

Las Universidades de Empresa han escupido estos años tanto master, tando MBA y tanto gilipollas que hay que desinflar la burbuja de titulados hacia algún sector mínimamente rentable (rentable mientras pague el Estado, claro). Los titulados, por supuesto, vendrán preprogramados en gestión de recursos humanos, liderazgo, excelencia, destrucción creativa y otras jamelgadas propias de la tribu iluminada neoliberal.

Si quieren colaborar con tan magna empresa, pueden ingresar sus aportaciones en metálico a través de este enlace. La cuenta, faltaría más, es de Banesto, propiedad de don Emilio, presidente del Banco santanderino, ino, ino.