Emilio Botín y Rodrigo Rato, en la JMJ


– Ya ves, don Emilio: los tenemos en el bote
– Ahora que se casen entre ellos para que nos compren los pisos. Suerte que el matrimonio es indisoluble.
– Indisoluble como nosotros, don Emilio, como nosotros.

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El periodo de carencia del Santander


Ahora escuchadme, galeotes: a todos vosotros se os condenó. Os mantenemos vivos para servir esta nave. Por lo tanto remad, y vivid.
Ben Hur

El Banco (de) Santander ha decidido implementar un periodo de carencia a los hipotecados que demuestren haber perdido su trabajo o el 25% de sus ingresos. El periodo de carencia consiste en pagar sólo intereses, sin amortizar capital durante ese tiempo. Según algún representante del banco, con la medida se hace un guiño a los indignados del 15M.

No es casualidad que el titular de prensa que anuncia el citado periodo de carencia haya desplazado a otro de ese mismo día mucho más significativo: el Santander ha perdido un 21% de beneficios con respecto al año pasado. No sólo no ha crecido: es que ha ganado menos. En cuanto al guiño al 15M, más bien da la impresión de que se trata de lavar la cara del banco tal vez más odiado de España, y de mejorar la imagen de su presidente, Emilio Botín, uno de los individuos más despreciados por los manifestantes del 15M (y probablemente por el resto de los españoles).

Respecto al periodo de carencia, hay que recordar que los créditos en mora han de ser aprovisionados por el banco correspondiente ante el Banco de España: con el periodo de carencia eso es lo que se ahorra la entidad cántabra (si bien es posible que tenga que hacerlo constar de otra forma en su balance anual). Por otro lado, al evitar la ejecución hipotecaria el Santander se libra de anotar en sus cuentas un piso cuyo valor en estos momentos tiende a cero por falta de comprador, amén de los costes de la ejecución misma. Recuerden que los bancos no son inmobiliarias ni lo quieren ser.

Respecto al hipotecado, la situación no podría ser menos halagüeña. Al terminar el periodo de carencia el principal del crédito permanecerá igual, sin contar con los (presumibles) gastos de notaría que conlleve la operación (que la entidad niega que existan), o los intereses que deba pagar a mayores por, precisamente, no haber amortizado capital.

Si reflexionamos sobre el hecho de que al inicio del crédito casi no se amortiza capital en cada cuota, resulta evidente que la medida sólo puede beneficiar a un cliente que ya lleve años pagando, y no a las hipotecas de reciente constitución.

El periodo de carencia es un instrumento destinado sobre todo a las empresas que, pidiendo un crédito, necesitan un plazo de tiempo hasta obtener beneficios con los que devolver el préstamo. No está diseñado específicamente para particulares, que en realidad debieran ser capaces de satisfacer sus compromisos en tiempo y forma.

Recuerde el lector: el banco no es tu amigo. No te quiere hacer un favor. Solamente quiere quedarse con tu dinero, por las buenas o por las malas. No hagas tratos con él si puedes evitarlo y nunca creas lo que te dice.

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