Mineralismo inmobiliario


En plena amenaza de simpa por parte de nuestros caóticos amigos helenos los acreedores de España (o los rescatadores, según se vea) andan con la mosca detrás de la oreja. Y así, han anunciado que quieren hacerle una auditoría a nuestro insumergible sector financiero. Algo que cualquier español sabe con certeza (que la banca española está entrampada en el crédito promotor y a particulares, pero especialmente en el primero) empieza a ser un secreto a voces allende los Pirineos. Cuando los auditores empiecen a sacar cadáveres de debajo de las alfombras de los bancos los gritos van a llegar al otro extremo del Sistema Solar.

El retrato va a ser apoteósico, porque en los balances de los bancos no es que haya promociones que valen la mitad, o un tercio de su valor en deuda: es que sencillamente no valen nada, porque lo que no se vende no tiene ni precio. Con un stock de vivienda nueva cercano al millón de unidades, a lo que se suma toda la vivienda de segunda mano esperando a ser vendida, a lo que se suma a la oferta de unidades residenciales que se incorporan al mercado producto de los cientos de ejecuciones hipotecarias (vulgo, desahucios), a lo que se suman las viviendas que quedan libres por fallecimiento de la generación de postguerra, a lo que debe restarse la demanda ya satisfecha durante el engorde de la burbuja (la generación del baby-boom) y a lo que debe restarse también el estrechamiento por su base de la pirámide de población española , todo ello en un contexto de desempleo creciente y un mercado de crédito más seco que la mojama, el panorama no es que sea negro: es que es apocalíptico.

¿Cómo piensa justificar nuestro gobierno (o el que le siga) la absurda sobreprotección que se ha otorgado todos estos años a la parásita industria de la construcción y sus delirantes precios de oferta? ¿Cómo piensa justificar antes sus auditores la banca, tenedora de cientos de miles de metros cuadrados construídos, el mantenimiento de precios medios más altos que los alemanes o los franceses? ¿Cómo se piensa explicar a la población española que este país ha invertido todo el futuro de los próximos 10, 20 o incluso 30 años en un sueño improductivo, costosísimo y absurdo?

A los funcionarios no nos pueden despedir, me decía ayer una compañera de trabajo. Por supuesto (no es cierto), pero pueden dejar de pagarte. Y es que no caben más recortes… o sí. Lasciate ogne speranza. Bienvenidos al mineralismo inmobiliario-financiero español.


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